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V

En aterrador silencio el cazador seguía la pista. Ya con uno de los suyos herido de muerte y con el temor de ser encontrados, el jefe de la manada ocultaba a su lobenzo en la madriguera más cercana, dispuesto a lanzarse al ataque si aquel infame se acercaba más con el rifle de por medio. De pronto, sintió el movimiento entre sus patas y volteó: el lobenzo había tomado una rama de árbol en el hocico y con ojos fijos le decía sin miedo: "somos un equipo.... tú y yo saldremos vivos de esta..."

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