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A Brand New Coat

Hoy me habló.Por primera vez en muchos años escuché su voz, ténue y sutil... Fue como reconocer la voz de un pasado lejano y atemorizante, la voz que no quieres escuchar. Pero no pude resistirme. La pared ahí estaba, cubierta de imágenes, de recuerdos, de letras y de cosas que ya no correspondían a mi presente. La voz, entonces, reclamaba una brocha.

Arráncame el rostro. Arránca de raíz todo esto que te hace daño, que te ata a un pasado que ya no te corresponde, que te ata a personas que ya siguieron adelante y dejaron detrás sus maletas junto con las tuyas. Ya es justo y necesario. Necesito un color nuevo. Necesito algo que me deje respirar, que me traiga nuevas ideas, nuevos personajes y nuevos recuerdos. Remodela. Pinta aquí y luego allá. Trae barniz. Haz algo, por el amor de los dioses, ¡MUEVETE! ¡VIVE! ¡RIE! ¡REACOMODA! Haz todo aquello que siempre dices que vas a hacer y no lo haces. ¡AHORA! Ya no esperes a otro día.

Tiralo. Si no te sirve para  nada, tíralo. No guardes nada. Los recuerdos se van en un abrir y cerrar de ojos y sólo perduran aquellos que valen la pena. Quédate con eso. Quédate con el pedacito de arena que alguien dejó detrás de sí y guárdalo en lo mejor de tu librero. Un color alegre. Un color que atraiga la buena vibra. Algo entre violeta, entre rosado y entre tus sueños. Dale luz a este hoyo. Quítale el vestido y hazle el amor. Y cuando hayas terminado, despójalo de sus ropas, desnúdalo de nuevo y ponle un vestido nuevo. Que no te tiente el corazón sus heridas, que no te remuerda la conciencia sus reclamos.

La primera barrida y la pared lucha por no pintarse. No quiere cambiar. Yo no quiero cambiar. Es necesario que cambiemos, pienso, es necesario borrar esas  heridas y dejar latir el corazón de nuevo. Es necesario que dejemos fluir nuevamente la sangre para poder pensar, para poder sentir... No me opongas resistencia. Es inútil hacerlo. La brocha sale volando al tocar el primer clavo. Mi gata juega con los papeles del piso y se esconde entre las cajas, aún así le toca el color del brochazo. Tendré que bañarla y ella lo sabe: se me ha quedado viendo con cara de asesino serial.Me siento en mi macho. Esta pared no va a vencerme. Agarro la brocha y terca le doy de pintura hasta que escucho su llanto. Son las lágrimas de quien deja ir al recuerdo que no ha querido dejar libre por miedo a perderlo en el Alzheimer de su locura; y me doy cuenta de que esta pared llora conmigo porque por fin ambas sabemos lo que quiere decir cambiar de piel.

El vestido le ha quedado bien a mi imaginación y ahora mi conciencia ríe como quien ha recibido un regalo navideño temprano. Mañana, seguiremos con la siguiente pared....

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1 comments:

Anonymous said...

Well done, wifey! If you need a helping hand just holler :)

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