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El Lugar de Todas las Cosas Salvajes -- 1


EL LUGAR DE TODAS LAS COSAS SALVAJES

Cap. 1: La Caja


Realmente no sabían en qué momento habían nacido, o si habría estado lloviendo, o asoleado, o si habría sido en invierno o verano. Lo que sabían era que eran hermanos, que eran tres y dos de ellos eran idénticos mientras que la tercera era niña y (aparentemente) muy parecida a su madre… quien quiera que hubiera sido.
Sus nombres eran Devon, Leyb e Irasumi. Los tres tenían aproximadamente siete años y seis de ellos los habían pasado en Phoed, el pequeño poblado al este del mar Azul, dentro de una enorme mansión que servía como refugio para niños sin hogar…

- Orfanato, dilo, Or-fa-na-to
- Prefiero el término “escuela de exclusividad necesaria”.
- Eres irremediable, ¿lo sabes, verdad? Por eso a veces pienso que esto de ser tu hermano es un KARMA que he de estar pagando, me cae.

Esos dos discutiendo en medio de las bancas del patio son precisamente Leyb y Devon, el primero contando las canicas que acababa de ganar (tramposamente) y el segundo leyendo un enorme libro de innumerables páginas, echando una miradita asesina a su hermano antes de continuar su lectura a través de las gafas que (aquí entre nos) han visto mejores tiempos. Devon era el mayor de los tres por cuestión de minutos. Era serio y responsable, minucioso en sus estudios, en sus quehaceres, siempre acatando las reglas y el orden. Gustaba de leer, de escribir y de coleccionar bichos y hongos. Se sabía prácticamente de memoria los contenidos de la biblioteca del lugar. Tenía el cabello rubio por debajo de los hombros, los ojos azules con chispazos de ámbar alrededor de la pupila y pecas salpicadas por toda la cara. Leyb era idéntico a Devon físicamente, pero espiritualmente era completamente opuesto a su hermano. Rebelde y escandaloso, Leyb constantemente se metía en problemas (y lo peor del caso es que no se iba solo, sino que metía en problemas a los otros dos). No gustaba mucho de hacer los deberes y tareas, y simplemente copiaba todo lo que su hermano hacía para poder estar en el buen humor de sus maestros, a pesar de que una vez dentro del salón de clases era meramente imposible mantenerlo sentado y fuera de peleas con otros niños. Gustaba de jugar bromas, pintar y tratar de tener toda clase de animales a escondidas de las institutrices (cosa que siempre le salía terriblemente mal por un motivo u otro). Pero no todo era oscuro para la personalidad de Leyb, pues tenía una gran afinidad por la música, tal vez más que su hermano y que su hermana, Irasumi, quien era más inclinada a la pintura y el dibujo. Irasumi era tierna y encantadora, aunque gustaba de trepar árboles y de jugar con otros niños mejor que jugar con niñas. Tenía un oso de peluche que (de acuerdo a lo que las institutrices decían) había “llegado con el paquete” al cual llamaba Pepe y defendía a capa y espada. No era parecida a sus hermanos, excepto por los ojos y las ligeras pecas que apenas se notaban a través de su piel oscura. Tenía el cabello ondulado que le llegaba un poco por debajo de los hombros de color miel y una nariz respingada que hurgaba de manera graciosa cuando se enojaba. No era una niña modelo pero tampoco era un engendro del demonio. Era como el balance perfecto entre Devon y Leyb; estudiosa sin llegar al extremo, amable sin ser un tapete y buena pa’ los fregadazos cuando era estrictamente necesario (como la vez en que un chiquillo mucho más grande que ellos le arrancó un ojo a Pepe y a ella inmediatamente “se le encendió el gallo” y le dio una verdadera paliza al susodicho individuo al grado de que adquirió el apodo de “la salvaje” hasta que eventualmente a todos se les olvidó el asunto).

- ¡Hey ustedes dos! – escucharon la voz de su hermana, quien se acercaba corriendo al lugar.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta prisa? – dijo Devon sin retirar sus ojos de la lectura.
- La Señorita Farel quiere vernos en su oficina, ahora – dijo esto último viendo severamente a Leyb.
- ¿Para qué nos querrá ver la Señorita? – preguntó Devon deteniendo su lectura de repente y volteando a ver a su hermano, quien se encogió de hombros sin desconcentrarse de tu tarea de contar canicas.
- Yo no fui, eso es seguro – dijo el otro – Yo estaba ocupado sacudiendo borradores cuando el fregadero empezó a hacer ese desastre.
- Leyb, ¿de qué rayos estás hablando?
- De nada – dijo Leyb volteando a ver a su hermano – ¿Decías algo de la Pingüino?
- La Señorita Farel (irrespetuoso este) dijo que quería vernos a los tres. ¿Crees que sea por algo importante? – preguntó Irasumi.
- ¡Ooy! ¡A lo mejor es porque quiere darnos pastel por nuestro cumple! – exclamó Devon emocionado. Leyb soltó la carcajada.
- ¡Pero si ni siquiera tú sabes cuándo cumples años, mi rey! No, yo creo que es porque por fin encontró a alguien lo suficientemente inocente para querer llevarnos a casa…
- A Irasumi y a mí sí, a ti ni siquiera el diablo en persona te va a querer llevar a su casa, ni aunque seas promoción del tres por uno.
- Sangrón.
- Gracias.

A la hora acordada, los tres fueron a dar a la oficina de la Gran Institutriz, dueña y directora de aquel lugar, Odara Farel. Hizo que los tres tomaran asiento frente al gran escritorio y colocó sobre este un estuche parecido a un joyero hecho de madera rústica y ya algo pasado de años.

- Esto ha llegado para ustedes tres por parte de un mensajero. Dice que uno de ustedes tiene la llave para abrirlo y viene con instrucciones que sólo ustedes pueden saber su contenido.
- ¿Llave? – dijo Devon – Yo no tengo llave alguna, ¿tú Leyb?
- No.
- Yo tengo una – dijo Irasumi sacando una pequeña llavecita colgando de un collarcito de plata alrededor de su cuello – Venía adentro del oso – explicó un poco tímida ante la mirada severa de la Señorita Farel – y ni modo de dársela a Devon, digo, ¿qué va a hacer él con un collar de mujer?
- Bien, bien. Tomen su caja y regresen al patio.

Tomaron la caja con intriga y se dirigieron de regreso a la banca que habían estado ocupando anteriormente, debajo de la sobra del árbol justamente donde daba la brisa veraniega de manera deliciosa. Leyb sacudió la caja para hacerla sonar.

- ¿Será dinero? – preguntó – Suena como dinero.
- ¡Presta acá! – exclamó Devon tomando la caja y permitiendo que Irasumi la abriese con su llave. La caja era realmente vieja, por ello batallaron un poco para hacer que la cerradura cediera ante la llave, pero una vez abierta, sus contenidos los dejaron perplejos.
- ¿Cartas? – dijo Irasumi tomando los papeles - ¿Quién nos iba a dejar cartas?
- Y dinero – dijo Devon examinando el contenido de un saquito dentro de la caja.
- ¡Jo! ¡Te lo dije! – exclamó Leyb.
- No le entiendo – dijo Irasumi habiendo abierto una de las cartas y extendiéndola a Leyb, quien la tomó y comenzó a mover los ojos de un lado a otro.
- ¿Qué dice? – dijo Devon intrigado.
- Es Khorieano – dijo Leyb viendo a Devon con aire de misterio. Irasumi arqueó una ceja.
- ¿Qué es koriano? – preguntó.
- ¿Y qué dice? – preguntó Devon intrigado.
- Dice – leyó Leyb – “Mis queridos hijos…” ¡Sácatelas! ¡Es de mi mamá!
- ¡¿Mi mamá?! – exclamó Devon.
- ¡¿Qué es koriano?! – insistió Irasumi.
- Es un idioma, síguele leyendo…
- A ver… dice, “Mis queridos hijos. Seguramente ya son ustedes hombres y mujer de bien y viviendo una linda vida…”
- Ay mi amá, la inocente…
- “mas sin embargo creo que merecen saber la mera verdad de quién carajos es su padre...”
- Ay mi amá, la tierna…
- “y de por qué vivieron en un orfanato---” ¿Ya ves? ¿Qué te dije? “vivieron en un orfanato que aunque sea de catego, sigue siendo orfanato. Bueno, la segunda parte no creo que ya sea necesaria decirla, digo, ya pa’ que. Pero la primera, esa si es justa y necesaria por si acaso a alguno de ustedes tres les da la curiosidad por conocer al progenitor de sus vidas, y tal vez causante de sus desgracias.”
- Ay mi amá, la amargada…
- “Su padre es…” – y después de esto, se quedó mudo y pálido.
- ¿Quién es? – dijo Irasumi emocionada. Leyb se volvió a Devon y el otro prácticamente le adivinó el pensamiento pues también se puso igual de fantasmagórico. Irasumi vio esto y se cruzó de brazos - ¡No es justo! ¡Los gemelos apestan!
- Se llama Aik; Aik Rock – dijo Devon sin quitarle la mirada a Leyb y éste asintió bajando la cara y suspirando profundamente.
- Me cae, - dijo con resignación – KARMA…

De pronto, ambos chicos soltaron las carcajadas al punto de las lágrimas. Irasumi se veía notablemente confundida.

- No le veo la gracia.
- Créeme, - dijo Leyb – es gracioso.
- Bueno, ¿y qué mas dice? – preguntó Devon tratando de controlar sus risas.
- (aaay) A ver… “Su padre se llama Aik Rock y vive en la Ciudad Música. Si nunca han escuchado hablar de esta ciudad no me sorprende porque usualmente nomás los ángeles o demonios musicales suelen saber dónde queda y si los conozco bien, al menos uno de ustedes es uno de estos dos. Bueno, el caso es que no quisiera entrar en detalles de lo que pasó entre su padre y yo. Digamos que los dos estábamos necesitados…”
- Ay mi amá, la pirujilla…
- “y una cosa llevó a la otra…”
- Me hace sentir como que fui un accidente – dijo Irasumi algo incómoda.
- “pero esto no quiere decir que no los quiero con toda el alma. Ese amor fue el que me hizo dejarlos en donde los dejé con la esperanza de que nadie supiera en dónde estaban. Tal vez yo ya no esté en este mundo (la mera neta, me sorprendería si lo estuviera) pa’ cuando lean esto ya que he dejado instrucciones bien claras a mi gran amigo Divatox de que les haga llegar esta caja después de haber pateado la cubeta. Dentro de la caja encontrarán dinero (el poco que tengo) dentro de una bolsita mágica. Ahí también debe estar un estuche para Irasumi, unos libros para Devon y un arco para Leyb…”
- ¡Magnífico! ¡Le dejó armas al diablo!
- “También hay una carta pa’ su padre si es que se deciden ir a visitarlo y un mapa del instituto si deciden escaparse para ir a visitarlo (no los conociera yo que soy su madre). Con el dinero pudieran comprar un dragón y volar hasta allá…”
- Ay mi amá, la revoltosa…
- “Y bueno, pos ya no me queda de otra más que desearles suerte, los quiero mucho, cuiden a su hermana y acuérdense de que su madre era bien desmadre. No sean como yo, ¿qué les cuesta? Con amor, su Madre.”

Hubo un momento de silencio, mismo que fue interrumpido por el grito de Devon:

- ¿Por qué si un papá no ha venido por nosotros? – preguntó Irasumi con ojitos llorosos.
- Bueno – dijo Leyb viendo la carta nuevamente – según mi amá, tal vez no sabe de nuestra existencia.
- ¿Y no podremos escribirle o algo para decirle que aquí estamos?
- No creo que sea prudente o conveniente. Creo que lo más apropiado sería ir a visitarlo.
- ¿Hasta la ciudad Música? – dijo Devon con los ojos tan grandes que prácticamente se le salían de la cara - ¡¿Tienes idea de lo lejos que está eso?!
- Podríamos ir…
- ¿Por favor, Devon? – dijo Irasumi casi suplicando – Yo quiero tener un papá.
- Sí, Devon. ¿Por qué negarle a Irasumi la alegría de ser parte de la familia?

Devon vio a ambos alternativamente por encima de los lentes.

- Sabes que esto implicaría que nos tendríamos que escapar sin que nadie se entere, ¿verdad? – le dijo a su hermana. La chiquilla movió frenéticamente la cabeza en señal de aprobación, con una sonrisa de oreja a oreja y una chispa de esperanza en los ojos. Devon suspiró resignado. Eran dos contra uno y si tomamos en cuenta de que algunas veces pareciera que Leyb tenía a sectas demoniacas trabajando de su lado, entonces el número se incrementaba considerablemente – Está bien – dijo – Pero tenemos que esperar una semana, cuando tengamos luna para que podamos ver en la noche.

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