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Wonsuponatime Act 1

La imagen le pareció algo borrosa, pero poco a poco se fue aclarando para dar lugar a un desierto de arenas azules y dos lunas en un cielo muy estrellado. Aquello que se miraba a lo lejos era como un templo de plata, rodeado por hermosas fuentes que asemejaban doncellas llenando sus cántaros de agua y vaciándolos nuevamente en las enormes piletas. Los pasillos conducían a la puerta central, y estaban marcados con letras extrañas y números, como quien cuenta una historia antes de llegar al lugar condenado por leyendas. La entrada, hecha con enormes arcos e inscripciones indescifrables, tenía la figura de una luna menguante, con los cuernos hacia arriba, y sentada sobre ella, la imagen de una Diosa, con una corona brillante y una espada en su mano derecha…

Adentro, en el atrio, habían escalones que conducían al altar central, iluminado por la luz de la luna que entraba por la cúpula de cristal cortado y que daba el aspecto de estar flotando en el espacio estrellado. Ahí, el cuerpo de la mujer dormida flotaba sobre la mesa de piedra, rodeada de un brillo azul muy tenue y un aroma a flores exóticas que al parecer hicieron estornudar a su compañero.

- Salud – dijo. Pero supo que no era su voz. De hecho, se dio cuenta de que estaba ahí como quien ve una película; todo a su alrededor comenzó a verse tan tridimensional, tan ordinario, como quien ya ha estado ahí miles de veces y ni siquiera se pone a pensar acerca de lo que pasa ni por qué pasa.
- Gracias – fue la respuesta. Eran dos los que estaban frente a la mujer flotante; de aspecto atlético, guerreros de la antigua civilización si es posible. Usaban espadas atadas al cinto en su cintura y collares alrededor de su cuello con la forma de un ojo que brillaba ligeramente al ir avanzando hacia el cuerpo de esa mujer. Uno de ellos, el más alto, tenía el cabello negro, atado a una trenza en su espalda, tan larga que alcanzaba a llegar a su cintura. Tenía los ojos negros y la piel muy blanca. El otro era moreno de cabello corto y blanco, rebelde. Sus ojos eran de color vino (rosados y con una chispa indescriptible al mirarlos de cerca) y era más delgado que su compañero.
- Honestamente, si no puedes ni siquiera con la intención de guardar silencio mejor regrésate a tu casa – dijo el otro con actitud molesta. Se dio cuenta de que traía una mochila la cual colocó en el suelo y comenzó a sacar frascos con diversos contenidos. El otro se fue del otro lado del cuerpo.
- No fue idea mía. Yo estaba muy tranquilo en mi cantina cuando tu fuiste a sonsacarme, ahora te aguantas.
- ¡Cállate y ayúdame con esto!
- Pensé que no necesitabas ayuda… - dijo a manera de burla, pero luego vio la mirada de pistola que le lanzó el otro y mejor prefirió comenzar a preparar las mezclas en un mortero de porcelana - ¿Por qué hacer esto de cualquier forma? Pensé que todos estábamos de acuerdo en que si ha de vivir su vida que la viva como quiera, para eso es una Diosa y puede hacer lo que se le pegue la regalada gana.
- Aquí el problema no es la Diosa, sino el sueño que ella ha creado. El hechizo se le está saliendo de control y debemos ir a detenerlo.
- Debes saberlo, es tu área del conocimiento… pero… ¿cómo vamos a hacer eso?

El otro no dijo nada. Comenzaba a dibujar patrones en un pergamino con rapidez extraordinaria. Su compañero dejó de machacar las cosas en el mortero.

- Espera un momento… - dijo con una mirada indagadora - Nadie sabe que estamos haciendo esto, ¿cierto?
- ¿Técnicamente? No.
- ¿Acabamos de romper un sello divino al entrar por esa puerta entonces? – el otro sonaba alarmado ahora.
- ¿Técnicamente? Sí.
- ¡Oh Dios santo! ¡Ahora sí que me van a dar mi buena! ¡Nafián! ¡Estoy en completa violación de mi libertad condicional! ¿Sabes lo que Emicron me va a hacer cuando se entere y me agarre? ¡Me va a hacer PAPILLA, eso es lo que me va a hacer! ¡Y Anavar no va a meter las manos en el asunto porque le va a estar echando porras al toro desde la barrera!
- ¡Cállate y escucha! – el otro lo tomó de los hombros con violencia – ¡Si no hacemos esto, Emicron no te va a hacer nada porque ni siquiera se va a acordar, de hecho, ni siquiera va a existir en este plano; ni él, ni tú, ni nadie! ¿Me entiendes? ¡Debemos detener esto antes de que sea demasiado tarde!
- Está bien… pero me estás lastimando.
- Lo siento – dijo soltándolo – Sabes que tengo poco temperamento últimamente…
- Dicen que con una novia se te quita… - dijo con inocencia, luego se percató de la mirada severa de su compañero – bueno, eso dicen.

En eso, escucharon que alguien golpeaba a la puerta. La tranca que habían colocado estaba a punto de caerse.

- Creo que tenemos visitas – dijo el moreno con nerviosismo.
- Da igual, esto esta listo – dijo el otro colocando el pergamino sobre el cuerpo y lanzando lo triturado encima.

Al contacto, la luz se intensificó de tal forma que fue imposible saber lo que pasaba. El ejército que trataba de entrar sólo vio el cuerpo de la mujer, flotando como si nada hubiese pasado. Revisaron todo y no encontraron nada. Detrás de ellos venía un joven delgado de ojos grises y cortos cabellos obscuros que miraban todo con detalle. Vestía una armadura sencilla y ligera, con su espada bien atada a la espalda y avanzaba con paso lento hacia el altar, observando cualquier movimiento o detalle que el resto parecía dejar desatendido. Uno de ellos se acercó.

- ¡No hay nada, Señor! – exclamó haciendo un saludo militar. El joven lo despidió con un ligero movimiento de la mano. Había algo y él lo había visto. No había logrado conseguir ser el capitán de la cuadrilla por nada. Se puso en cuclillas cerca del altar y con la punta de los dedos tomó polvo que estaba alrededor. Se lo llevó a los labios y pasó su lengua por encima.
- Belladona – dijo en voz baja.
- ¿Señor?
- ¿Qué tipo de hechizos utilizan Belladona y Flor de Ensueño? – preguntó al oficial. El hombre lo miró extrañado.
- ¿Viajes Astrales? – dijo. Su comandante sonrió.
- Exactamente. Pero eso es demasiado infantil para estos dos malvivientes. Lo que estos bastardos hicieron fue saltar a otra dimensión, cuerpo y todo.
- ¿A otra dimensión? ¿Crearon una puerta dimensional? – el otro parecía sorprendido.
- No. – dijo el capitán. Se había puesto de pie y ahora colocaba sus manos sobre el cuerpo de la mujer, formando un triángulo con sus dedos y pasándolo por encima de la cabeza. Ahí, en la frente, una luz violeta se iba haciendo cada vez más pequeña – Una Diosa les permitió la entrada…


CONTINUARA......

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