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I CONCURSO INTERNACIONAL DE NANO LITERATURA (Venezuela)


Condiciones generales

Podrán participar personas, de cualquier edad, sexo, nacionalidad, raza o religión, siendo el español el lenguaje escogido para los escritos. No se aceptarán seudónimos.

La cantidad de obras permitidas por autor será de 1 por categoría.

Los temas serán libres. Los textos deben ser escritos en letra tamaño 12 tipo Arial.

Los trabajos participantes deben ser enviados con el indicativo: “I Concurso Internacional de Nano Literatura de Proyecto Expresiones”, al correo electrónico proyectoexpresiones@gmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .
Los envíos vía email o correo electrónico deben hacerse en archivo adjunto y en formato Word.

Todos los participantes deben anexar reseña biográfica y foto en formato jpg, así como también los datos de su residencia, teléfono de contacto y e-mail. Estos datos no serán publicados y son sólo de uso interno.

Todas las obras deben ser inéditas, debiendo los participantes remitir junto a la obra un escrito que certifique que la misma es original, inédita, que no fue presentada a otro concurso pendiente de resolución, y autorizando su publicación en caso de resultar premiada.

No se devolverán originales ni copias de los trabajos presentados. Proyecto Expresiones se reserva el derecho de publicación de cualquiera de las obras presentadas, sin estar obligado al pago de derechos de autor a su propietario, igualmente no prohíbe que los autores o terceras personas con autorización de éstos, tras conocer el veredicto puedan publicarlas.

En cada categoría serán escogidos 3 finalistas, de los que saldrá el ganador y los siguientes lugares, pudiendo ser declarado desierto si el jurado lo creyese oportuno, así como también otorgar las menciones de honor que fuesen necesarias.

El plazo de recepción de los trabajos culminará el 30 de septiembre del 2010. La decisión del jurado, que será inapelable, se hará pública el 20 de octubre del mismo año.

Proyecto Expresiones designará oportunamente al jurado para cada categoría, no pudiendo estos ser participantes en ninguna de ellas, haciendo publico en el momento de emitir los resultados finales los nombres de ellos y la votación de los mismos.

A los que obtengan el 1r y 2º lugar en cada categoría, se les otorgará diploma de reconocimiento, publicación de los trabajos en nuestra página web por medio de revistas electrónicas o e-books, si el autor no estuviera residenciado en Venezuela se le hará llegar el reconocimiento vía email o envío postal, de acuerdo a las disposiciones del premiado, además ganan el derecho a que su obra sea publicada en una obra impresa conjunta, de las que se les enviará un ejemplar a la dirección suministrada en el momento de su inscripción.

A los que obtengan el tercer lugar y las eventuales menciones de honor en cada categoría se les otorgará todo lo anterior descrito a excepción del libro impreso.

Los premios serán entregados el día 7 de noviembre del 2010, fecha del aniversario del Proyecto Expresiones.

La participación en el Certamen implica la aceptación de las condiciones y bases. Quedará fuera de concurso cualquier trabajo que no cumpla todos los requisitos exigidos.


BASES DE LOS CONCURSOS

Cuento
La extensión máxima permitida será de 500 palabras.

Poesía
La extensión máxima permitida será de 10 versos.

Novela corta.
La extensión máxima permitida será de 10 mil palabras con capítulos que no sobrepasen las 500 palabras.

Teatro
La extensión máxima permitida será de 600 palabras en un solo acto.

Mayor información: E-mail: proyectoexpresiones@gmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

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I CONCURSO DE RELATO CORTO DE CIENCIA FICCIÓN



ZonaeBook, con el patrocinio de Luarna Ediciones, convoca el I Concurso de Relato Corto de Ciencia Ficción. Con este premio queremos fomentar la creación literaria de un género que aunque trata de un mundo imaginario, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, a desvelar nuestros deseos y nuestros temores más profundos proyectados en un futuro lejano, o en universos paralelos imperceptibles.

Para poder presentarse al concurso, es necesario darse de alta en la web de Zonaebook, el acceso será libre para todas las personas que lo deseen, con obras inéditas y no premiadas en anteriores concursos.

Las obras deberán estar escritas en castellano, con un máximo de 20 páginas, con interlineado 1,5, en formato DIN-A4, y letra Times New Roman cuerpo 12, presentadas mediante archivo informático.

El formato de fichero informático será Word o PDF, se presentarán dos ficheros, en un fichero constará la obra tan sólo identificada por su título y, en otro fichero (que la editorial se compromete a no abrir hasta el fallo del premio) constarán los datos del autor junto a una breve reseña biobibliográfica del mismo.

La convocatoria queda abierta a partir de la fecha de publicación de estas BASES y se cerrará el día 30 de noviembre de 2010 debiendo dirigirse los originales por correo electrónico a la siguiente dirección de correo: concurso.zonaebook@luarna.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Las obras recibidas se exhibirán en la web de ZonaEbook según se vayan recibiendo, permitiendo a los usuarios que las voten limitando a cada usuario la posibilidad de votar, tan sólo una vez.

El resultado de la votación será inapelable, y el premio solamente será declarado desierto si no existiera ninguna votación.

Estará dotado con un lector electrónico marca Booq Avant y se concederán tres accesits consistentes en tres bonos de 30 euros para compras de libros.

La obra ganadora, se publicará en formato digital por LUARNA EDICIONES, y del resto de obras participantes la editorial, podrá escoger las que reúnan la suficiente calidad literaria a su libre albedrío, para realizar una obra conjunta en unión de la del ganador.

La publicación electrónica, se realizará bajo la licencia de CREATIVE COMMONS, sin derechos de autor, pero citando la procedencia y autoría de la obra y sin permiso de reproducción para fines comerciales.

Las votaciones se cerrarán el 30 de noviembre de 2010. El premio se entregará en el transcurso del mes de diciembre en fecha y lugar que se comunicará más adelante.

Los archivos informáticos enviados no se devolverán a sus remitentes, y una vez concluido el periodo de votación y proclamados los ganadores del concurso, se abrirán los ficheros que contienen la identidad de los autores, y se valorará su inclusión en la posible publicación conjunta.

El hecho de concurrir a este premio implica la aceptación de sus bases.

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1st week, new semester, same ol' same ol'....

"You eat yet?"
"Naaa... you?"

This is a new semester... and it's the same ol' same ol' moving around, no students to give a class to in the morning, complaints about things that should have been checked out before leaving... Sometimes I wonder if you can just leave alittle peeping bird instead and it would do the job nicely while I'm outside, eating bamboo and scratching mah belly.

But no one wants to see mah belly.... so sad...

The new semester begins with high hopes that by some miracle of the miracle fairy, morning students will actually want to learn and evening students will actually arrive early to class. Of course the miracle fairy only works her magic in a 50% ratius (tha bitch!) and so it happens that we have been given one week trial to see if amore students arrive to class and thus, thew enthusiatic English class might begin. This time, I get to teach English III, V and VII in the mornings and English VII a and VII b in the afternoons.
 
However (and to make matters interesting), English V and VII in the mornings are quite the predicament. It seems that the schedule for both classes is Mon-Fri, Noon, Classroom 18, Miss Panda. Yes. You are reading correctly. I am supposed to be giving a different level class, same time, same hour, same place... it's not that I haven't done the split-split class routine before... but... people plis! This is a private university? I mean, com'on! I can expect this sort of cookie canoodle things on a primary or a secondary, heck! even a high school --- but at this level? It's just bizarre to me... or maybe I'm just a cry baby...

With all that, my routine starts and I couldn't be happier. Yes, I might whine and bitch about it, but then again, I would rather be working and feeling useful at something than to lay around the house, doing nothing but eating doritos while watching VH1 all afternoon...

I miss Flavor Flave....

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Reflexiones de un escritor comprometido

Víctor Montoya


1. El autor y la obra

A través de ella refleja su vida, lo que piensa y lo que siente. Cada uno de sus personajes es un fantasma que le brota desde el fondo del alma. El escritor, además de esconderse detrás de lo que escribe, está diseminado entre los personajes de su obra; ellos cargan a cuestas los pedacitos del autor, ellos son los portavoces de su fuero interno y ellos realizan las aventuras que concibe en la imaginación, aunque ninguno acabe siendo su retrato más perfecto. Basta leer una obra literaria para identificar al autor que se refugia detrás de las páginas impresas, pues los personajes literarios, como las obras de arte, son simples medios que canalizan los pensamientos y sentimientos de su creador. La literatura, aun sin llegar a ser demasiado intimista, está revestida de la personalidad secreta del autor, quien habla con la voz prestada de sus personajes; de otro modo, el escritor estaría condenado a sobrevivir con toda la carga emocional e intelectual que le pesa en la vida y la conciencia. La literatura, en el fondo, es una suerte de válvula que permite airear los sueños y las pesadillas.
No es casual que el escritor, que crea una obra en sus instantes de mayor lucidez intelectual, obedezca a impulsos interiores y a la necesidad de expresarse mediante la palabra escrita, pues el mismo hecho de escribir constituye un acto que se desata desde la intimidad, con la esperanza de hacer ecos en el pensamiento y el corazón de quienes se identifican —consciente o inconscientemente— con las sensaciones y experiencias que le transmite el autor. Además, si la literatura es una forma de conocimiento, entonces debe tratarse de conocer al autor a través de su obra, penetrando en sus tinieblas, descubriendo sus sueños y fantasías. Ésta es la fuerza de la literatura, la fuerza de la ilusión, la fuerza del sueño. Ya que si el hombre es todavía capaz de alimentar sus ilusiones, si es todavía capaz de soñar, entonces es un hombre libre.


2. Las preferencias

De entrada, y sin perder fuerza ni autoridad moral, debo manifestar que no creo en los autores que escriben con trivialidad e indiferencia; por el contrario, prefiero la literatura que está escrita con pasión y hasta con dramatismo, y prefiero a los artesanos de la palabra escrita que crean sus obras impulsados por una necesidad vital; algunas veces, por subvertir el orden establecido por los poderes de dominación y, otras, porque no les queda más remedio que escribir para sobrevivir a su propia realidad. No creo en la literatura por la literatura, en eso de que es lo mismo escribir sobre el filamento de un foco que escribir sobre las grandes pasiones humanas. Tampoco creo en los escritores a sueldo, en quienes se someten a los dictados de una corriente de moda y actúan como peones de la industria editorial, que convierte al escritor en un “slogan de marketing” para satisfacer la demanda de los consumidores y amasar jugosas ganancias a nombre de la literatura; prefiero a los autores que escriben sobre los temas que les dicta el corazón y en la literatura de quienes tienen un compromiso con su realidad y su tiempo.


3. Persecución y censura

Sé que la literatura es una forma artística que puede transgredir las normas establecidas en una sociedad desigual y competitiva, quizás por eso, las clases dominantes han intentado reducirla a un mero “estetismo”, pues temen que se convierta en un instrumento tan reivindicativo como es el púlpito o la tribuna parlamentaria. De ahí que las instituciones del Estado, casi en todas las épocas y lugares, han perseguido a los escritores que se han declarado partidarios de las fuerzas del cambio; sobre ellos se han dictado censuras y condenas de muerte, aunque la historia ha demostrado que las grandes creaciones literarias pertenecen, frecuentemente, a los sujetos que fueron rechazados por su actitud contestataria. No obstante, las grandes obras de nuestra civilización, que empezaron como obras marginales o subversivas, se han convertido, con el transcurso del tiempo, en el vivo testimonio de un pasado oscurantista y retrógrado, que censuraba la fantasía y la libertad de expresión del artista. Asimismo, los poderes de dominación tienden a acallar a los escritores rebeldes y a cuantos se identifican con la causa de los desposeídos. La prensa burguesa se empeña, una y otra vez, en desconocer su existencia y en quebrantarles la cerviz. Los escritores que se niegan a ser escribanos de los dueños del poder, corren el riesgo de ser silenciados y, en consecuencia, marginados del debate y de las corrientes avaladas no sólo por las instituciones culturales, sino también por los regímenes de turno, que convierten a los escritores en una suerte de lacayos al servicio de sus intereses, anulando de este modo su independencia de crítica contra quienes, amparados por la ley del más fuerte y la impunidad, cometen atropellos de lesa humanidad.


4. El compromiso social

Estoy consciente de que la literatura no cambia el curso de la historia ni la conducta esencial del ser humano, ya que de poseer esta virtud, el mundo sería un paraíso y el hombre habría dejado de ser el lobo del hombre. Sin embargo, así la literatura no tenga el poder de transformar las bases estructurales de una sociedad decadente ni la conducta —casi siempre— desastrosa de la gente, al menos nos permite testimoniar las vicisitudes de nuestro medio y nuestro tiempo. El escritor, como cualquier otro ciudadano preocupado por los acontecimientos políticos que sacuden los cimientos de la sociedad en que vivimos, no está eximido de asumir un compromiso social, sobre todo, cuando se vive en un mundo de vertiginosas transformaciones. El escritor no es ajeno a su realidad desde el instante en que intenta describir o explicar lo que sucede en su entorno y, por decir de otra manera, desde el instante en que trata de convertir en palabras todo lo que ve, oye o siente.
El escritor, impulsado por su gran sensibilidad social, es un individuo capaz de inclinarse instintivamente hacia las grandes causas humanas y ser consciente de las injusticias, y por mucho que viva como Don Quijote —el caballero de la triste figura, el loco soñador que luchaba contra los molinos de viento en defensa de sus nobles ideales— no abandona sus convicciones de justicia y libertad: libertad política frente a las tiranías, libertad de crítica frente al fanatismo de cualquier secta política o religiosa, libertad moral y exaltación de los derechos del corazón frente a los prejuicios sociales, sexuales y raciales, libertad de creación frente a los preceptos esquemáticos del pasado y el presente.
En la actualidad se discute con calor si es legítimo o no que el artista, como tal, se inhiba de tomar partido en las contiendas políticas e ideológicas. Los llamados defensores de “el arte por el arte” se enfrentan a los paladines del “arte comprometido”, arguyendo que el arte está al margen de la problemática social, sin considerar que el escritor, aun sin llegar a ser un personaje importante e influyente en la vida de la sociedad, es un individuo cuya obra está ligada a una época y a un contexto determinados. Por eso mismo, no existe escritor que esté enteramente desvinculado del acontecer sociopolítico de su tiempo y de su medio.
A lo largo del siglo XX han fracasado varias corrientes ideológicas y alternativas de gobierno. Empero, no entiendo por qué el fracaso de ciertas ideologías totalitarias tenga que ser un obstáculo para asumir un compromiso con el destino de los desposeídos y, en concreto, de los pueblos que requieren del concurso de quienes se consideran “trabajadores de la cultura”.
En lo que a mí respecta, no tengo ningún motivo, ni interno ni externo, para renunciar a mis principios ideológicos ni dejar de sentirme un escritor comprometido con la causa de los marginados. Yo escucho el eco de mi conciencia y sigo los pasos de mi corazón, pues a estas alturas de la historia no es lo mismo ser que no ser. Es decir, prefiero tomar partido por quienes están abajo y hacer que mi literatura, aun no siendo tan magnífica como la de Homero, Cervantes o Shakespeare, sea un modesto aporte en el ámbito social, un modo de comunicar mis pensamientos y sentimientos al mayor número de lectores. Sé que no es tarea fácil, pero tampoco imposible.


5. Entre la soledad y el romanticismo

Creo que desde muy joven me sentí atraído intuitivamente por la vida de los personajes que son distintos a los demás. No es extraño que sienta un respeto profundo por la personalidad de Greta Garbo, quien vivió y murió rodeada por una aureola de misterio que constituyó la constante de su vida. “La Divina” nos enseñó que el silencio, a veces, tiene más palabras que el discurso sobre el silencio; más todavía, siempre me imaginé que los escritores solitarios son diferentes a los demás, incluso en su forma de hablar, caminar, sentarse y beberse una copa de trago, ya que tanto el estilo de sus vidas como sus obras exaltan la soledad y el laberinto sin salidas, donde habitan los seres destinados a vivir entre las brumas del olvido, alejados de una sociedad hecha a golpes de espectáculo y publicidad. Admiro a los escritores periféricos que, además de poseer el coraje de quitarse los chalecos de fuerza que les impone su entorno social, toman el camino de la soledad, quizás porque les resulta más cómodo o, simple y llanamente, porque padecen de la “fobia de ágora”, pues incluso al final de sus vidas deciden enfrentarse a la muerte como caballeros solitarios, y, aunque algunos de ellos no dejan ni siquiera un testamento para la posteridad, prefieren que hasta su entierro sea un acto absolutamente privado, sin discursos ni ceremonias a su memoria.
Cómo no admirar la vida y obra, entre otros, de Kafka, Joyce, Vallejo, Pessoa, Onetti, Rulfo y Saenz, si fueron seres que escribían al margen de los dictados literarios de su época y hasta poseían una personalidad distinta a la de sus contemporáneos. No cabe duda, eran seres que vivían obsesionados por el silencio y el olvido; eran tímidos, introvertidos y muy poco dados a la espectacularidad. Y, sin embargo, nunca los consideré seres “asociales”; por el contrario, los imaginaba solitarios y solidarios a la vez, ya que el hecho de llevar una vida retraída y dedicada al quehacer literario no implica estar incapacitado para interpretar el dilema del hombre moderno: la elección entre la libertad y la esclavitud, la tristeza y la alegría, el odio y el amor, el deseo y el deber.
No es casual que, en mis horas de soledad y silencio, me identifique con el espíritu romántico del siglo XIX, con esa suerte de tristeza, melancolía, ansiedad y nostalgia, entre otras cosas, porque no estoy de acuerdo con una sociedad injusta y competitiva, cuya rigidez y convencionalismos hacen que resulte, si acaso no imposible, difícil vivir inmerso en ella; mas no por esto el escritor deja de ser un hombre intrépido cuya vida es, unas veces, una constante lucha con el mundo que le rodea y, otras, con la realidad conmovedora de su mundo interior.
En cualquier caso, no tengo nada que reprocharles ni cuestionarles a los escritores románticos; por el contrario, admiro su gran desprendimiento de amor y rebeldía, ese desasosiego constante que expresa la fuerza de su tristeza y su hondo sentimiento de soledad, como en el caso de Keats, Bécquer y Lord Byron, éste último, un romántico por excelencia, cuya personalidad rebelde e impetuosa influyó decisivamente en los escritores modernos; primero, porque su obra expresa lo que sentía su corazón —casi siempre emocionado por el soplo del amor— y, segundo, porque su vida era el reflejo de su forma de combatir contra todo lo que se tiene por verdad inmutable en el terreno de la creación artística.
Sé de sobra que el romanticismo es una actitud ante la vida, un modo de ser y de actuar en la sociedad, no sólo porque este tipo de escritor sea un hombre solitario y silencioso al que arrastra un destino fatal, sino también porque en la profundidad de su personalidad, como en el de sus personajes literarios, se esconde un hombre generoso y tierno, que sueña en el amor y la libertad, aunque la tristeza y decepción lo llevan a buscar el aislamiento y la soledad, donde la naturaleza, en el mejor de los casos, resulta ser su única amiga y confidente. Por eso mismo, siendo la soledad una de las piedras de toque de esta corriente literaria, no es raro que el romántico vea reflejada la melancolía de su espíritu a la hora del ocaso, en la hojarasca del otoño, en la desolación de la luna y en los cielos constelados de la noche. Ya se sabe que unos sucumbieron en el campo de batalla, otros en duelo, algunos se suicidaron y unos pocos enloquecieron. Pero ninguno se arrepintió de lo que hizo. Cada cual asumió con responsabilidad sus actos, quizás porque vivían enamorados de la muerte y creían en la paz de la soledad y los sepulcros.


6. La libertad de creación

Rechazo las escuelas literarias, las reglas a las que debe someterse la obra literaria, y propugno el vuelo libre de la fantasía, dejando que las ideas se desplieguen contra toda clase de tiranía personal o literaria; más todavía, si la crítica del arte y la literatura están sujetas a los lineamientos trazados por las superestructuras del poder. Ya manifesté que prefiero a los escritores que escriben a espaldas de las corrientes literarias de moda y los dictados de una casa editorial. Estoy convencido de que el verdadero escritor no escribe tanto sobre los temas que le solicitan, sino sobre los temas que eligen a su escritor. De modo que todo artesano de la palabra escrita, cuya fantasía no puede estar sometida a las normas dictadas por las modas literarias, debe darle rienda suelta a su capacidad creativa, ejerciendo su vocación con absoluta libertad, lejos de las cadenas políticas o religiosas que intentan atar sus pensamientos y sentimientos. El escritor, sin obedecer a normas ajenas a su personalidad, debe escribir a partir de su propia convicción y cosmovisión, sin que por esto se sienta el ombligo del mundo. El escritor es libre de manipular con los recursos de la imaginación y el lenguaje. En este contexto, y sin necesidad de cuestionar los postulados del “realismo social”, es tan literatura lo que hace Uslar Pietri, quien se siente particularmente atraídos por la figura del dictador, que las novelas del llamado “realismo mágico” de García Márquez o cualquiera de las obras experimentales de Julio Cortázar. De ahí que la afirmación de que un escritor que separa su vida de su obra sea un mal escritor, apenas es una verdad a medias, pues la literatura es un territorio libre, donde todos tienen la opción de exponer a los santo-demonios de su imaginación; eso sí, sin dejar de obedecer los dictados del corazón, que, al fin y al cabo, es el único juez capaz de decidir lo que está bien y lo que está mal.
Estoy convencido de que el verdadero escritor, sin dejar de preocuparse por los problemas que aquejan a la colectividad, es un ser que habla en primera persona, no tanto por egocentrismo —o egolatría— como por exponer a trasluz las razones y sinrazones de su fuero interno, sin que por esto se levanten barreras entre la expresión íntima del autor y la expresión del sentimiento colectivo.
Ahora bien, si a esta forma de escribir se denomina “intimista”, entonces qué se dirá de los escritores como Dostoievski, Kafka, Proust o Joyce, cuyas obras son consideradas cumbres en la literatura universal. Pienso, sinceramente, que sin esa vivencia personal, sin ese testimonio existencial, no hubiese sido posible la existencia de estos escritores, cuya lucidez intelectual los llevo a reflejar, mejor que nadie, la realidad conmovedora de su medio y su tiempo.

Víctor Montoya

Escritor boliviano radicado en Suecia

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Carta a un joven escritor (II) | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte

Carta a un joven escritor (II) | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte

Hablábamos el otro día de maestros: autores y obras que ningún joven que pretenda escribir novelas tiene excusa para ignorar. Ten presente, si es tu caso, un par de cosas fundamentales. Una, que en la antigüedad clásica casi todo estaba escrito ya. Echa un vistazo y comprobarás que los asuntos que iban a nutrir la literatura universal durante veintiocho siglos aparecen ya en la Ilíada y la Odisea -relato, éste, de una modernidad asombrosa- y en la tragedia, la comedia y la poesía griegas. De ese modo, quizá te sorprenda averiguar que el primer relato policíaco, con un investigador -el astuto Ulises- buscando huellas en la arena, figura en el primer acto de la tragedia Ayax de Sófocles.

Un detalle importante: escribes en español. Quienes lo hacen en otras lenguas son muy respetables, por supuesto; pero cada cual tendrá en la suya, supongo, quien le escriba cartas como ésta. Yo me refiero a ti y a nuestro común idioma castellano. Que tiene, por cierto, la ventaja de contar hoy, entre España y América, con 450 millones de lectores potenciales; gente que puede acceder a tus libros sin necesidad de traducción previa. Pero atención. Esa lengua castellana o española, y los conceptos que expresa, forman parte de un complejo entramado que, en términos generales y con la puesta al día pertinente, podríamos seguir llamando cultura occidental: un mundo que el mestizaje global de hoy no anula, sino que transforma y enriquece. Tú procedes de él, y la mayor parte de tus lectores primarios o inmediatos, también. Es el territorio común, y eso te exige manejar con soltura la parte profesional del oficio: las herramientas específicas, forjadas por el tiempo y el uso, para moverte en ese territorio. Aunque algunos tontos y fatuos lo digan, nadie crea desde la orfandad cultural. Desde la nada. Algunas de esas herramientas son ideas, o cosas así. Para dominarlas debes poseer las bases de una cultura, la tuya, que nace de Grecia y Roma, la latinidad medieval y el contacto con el Islam, el Renacimiento, la Ilustración, los derechos del hombre y las grandes revoluciones. Todo eso hay que leerlo, o conocerlo, al menos. En los clásicos griegos y latinos, en la Biblia y el Corán, comprenderás los fundamentos y los límites del mundo que te hizo. Familiarízate con Homero, Virgilio, los autores teatrales, poetas e historiadores antiguos. También con La Divina Comedia de Dante, los Ensayos de Montaigne y el teatro completo de Shakespeare. Te sorprenderá la cantidad de asuntos literarios y recursos expresivos que inspiran sus textos. Lo útiles que pueden llegar a ser.

La principal herramienta es el lenguaje. Olvida la funesta palabra estilo, burladero de vacíos charlatanes, y céntrate en que tu lenguaje sea limpio y eficaz. No hay mejor estilo que ése. Y, como herramienta que es, sácale filo en piedras de amolar adecuadas. Si te propones escribir en español, tu osadía sería desmesurada si no te ejercitaras en los clásicos fundamentales de los siglos XVI y XVII: Quevedo, el teatro de Lope y Calderón, la poesía, la novela picaresca, llenarán tus bolsillos de palabras adecuadas y recursos expresivos, enriquecerán tu vocabulario y te darán confianza, atrevimiento. Y una recomendación: cuando leas El Quijote no busques una simple narración. Estúdialo despacio, fijándote bien, comparándolo con lo que en ese momento se escribía en el mundo. Busca al autor detrás de cada frase, siente los codazos risueños y cómplices que te da, y comprenderás por qué un texto escrito a principios del siglo XVII sigue siendo tan moderno y universalmente admirado todavía. Termina de filtrar ese lenguaje con la limpieza de Moratín, el arrebato de Espronceda, la melancólica sobriedad de Machado, el coraje de Miguel Hernández, la perfección de Pablo Neruda. Pero recuerda que una novela es, sobre todo, una historia que contar. Una trama y una estructura donde proyectar una mirada sobre uno mismo y sobre el mundo. Y eso no se improvisa. Para controlar este aspecto debes conocer a los grandes novelistas del siglo XIX y principios del XX, allí donde cuajó el arte. Lee a Stendhal, Balzac, Flaubert, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Dumas, Hugo, Conrad y Mann, por lo menos. Como escritor en español que eres, añade sin complejos La regenta de Clarín, las novelas de Galdós, Baroja y Valle Inclán. De ahí en adelante lee lo que quieras según gustos y afinidades, maneja diccionarios y patea librerías. Sitúate en tu tiempo y tu propia obra. Y no dejes que te engañen: Agatha Christie escribió una obra maestra, El asesinato de Rogelio Ackroyd, tan digna en su género como Crimen y castigo en el suyo. Un novelista sólo es bueno si cuenta bien una buena historia. Escribe eso en la dedicatoria cuando me firmes un libro tú a mí.

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Carta a un joven escritor (I) | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte

Carta a un joven escritor (I) | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte

Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada. Recordé tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito -quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso- que me enviaste alguna vez. Recordé tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.

Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro -Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas-, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas. Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso.

No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.

Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos -los hay nobles e innobles-, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.

Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando.

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San Lorenzo 2010

Las Festividades a San Lorenzo llegaron a su punto maximo ayer, Dia de San Lorenzo, patrono de lo imposible, de las causas justas y de los que lo tenemos como última esperanza en cualquier problema (porque siempre andamos con el "ay San Lorenzito, ayúdame!". Tiene fama de que si uno hace una manda y no la cumple, San Lorenzo se encarga de quemarte, porque ai cuenta la leyenda de que a San Lorenzo lo quemaron y que cuando estaba en la parrilla, nomas dijo, "volténme porque ya me quemé de un lado". Osea, aparte de santo, cabrón el susodicho.

La Iglesia de San Lorenzo en Ciudad Juárez es la más concurrida luego de la Catedral (por más que el parroco de Mater Dolorosa quiera ponérselas y adornárselas, nanais!). Y el día 10 de Agosto de cada año, la gente se reune para venerar al Santo Patrono que protege, junto con la virgen, a esta ciudad que necesita en estos días toda la ayuda posible. Danzantes bailan día y noche para venherar al santo patrono. Se venden crucecitas de neón, se bendicen con incienso los tambores y los bailes de los matachines, se comen enchiladas, gorditas, tostadas, papas locas, chilindrinas, tacos, raspas y bolis, hay jueguitos mecánicos y venta de artesanías de barro en la plaza. Te conmueve el fervor de la gente que viene a darle gracias a San Lorenzo por favores concedidos, o a pedirle uno con promesa de volver si se cumple. San Lorenzo no te deja caer y no te deja solo. Me consta.

Así que, con fotos de la Feria de San Lorenzo, me despido por hoy. Esta pandita comió enchiladas, se emocionó con los matachines, se tomó fotos con los diablos y por momentos se le olvidó, al igual que Juaritos, que los malos siguen impunes allá afuera...

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Machitos and a Story....

J Town is a city filled with stories to tell. Every person has a story relating to a day, a friend, a street, or even a place they went to on a seemingly lonely Saturday night, when trying to forget the heartaches that life often offers you just to remind you that you're still alive, that nothing's changed and that you still have to fight to hold on.

In my case, this happened yesterday. It was a Saturday night and I made plans with my friend Angie, to go out and talk about recent events in both our lives. The date was set to begin at her house, and then we would go to Starbucks to ponder and talk about how things should happen for a reason --- or how we both want to believe the same thing just to keep ourselves from going coo coo bananas about it. So, off to Starbucks we went. Angie brought along her laptop because she wanted to show me some stuff. After a while of talking and gossiping about eachother's lives, she looks at me and says, "I really want a beer."

Now, for those of you who know Angie, this "I really want a beer" is something you will rarely hear coming from her, since she is not a beer person. She's more of a Tequila girl. So, she wanted a beer, I figure, blues need to get out. I told her, hey, since we're already in Misiones Mall, let's go to Sanborn's and have a brewsky. Turns out, Sanborn's bar was closed due to some private party. After thinking a bit, I told her we would go to Los Colorines.

I thought about Mr Larios and his rambling talks whenever we went to this place. And deep down inside I knew I had to go there, for some odd reason of fate. So we get there, it's empty as ever, get inside and order a beer. The Colorines is a bar that by the looks of it could be that it was once one of the high-class joints in town. Now, it's cheesy. But it's a good place to drink one and talk. We sat at the bar and had two beers each. We drank to Mr Larios and his safe return home. We drank to Juarez and its streets. We drank to our lives and how pathetic their existence seemed at this point. We analyzed ye old question, "Did you even envision yourself at this point in your life, doing this exact thing...?" We both realized that the dreams of the youth had long gone and now all we had left were the reminiscence of it all.

We talked about the yesteryears, we talked about the events of today, and we even considered a little bit of the future. We talked about our dreams, and projects, and how after all we both have gone through we're still friends... and then the beer was gone and it was time to head out. On the way out, I asked her what she wanted to eat. She said "something greasy... so greasy you say OH MY GOD! That's Disgusting!" "So greasy you actually say, are you gonna eat that? greasy?" I asked. The answer was yes. So, what is to eat that covers those characteristics? You guessed it! Machitos. And there is no other place in Juarez to eat machitos than those served on the back of a van, in front of the Mercado Cuesta, down at the Carretera.


They have been serving machitos for 40-some years. When we arrived there there were three men eating machitos, drunk as sailors they were. When we got there there was this elaborated drunken talk about how good the machitos were, and how good the machitos were, and how far they had to come to eat the good machitos because how good the machitos were, and we have been eating gorditas all day, two of them each, oh but the machitos are better... how good the machitos were. We ordered two to eat there and continued to listen to the rambling of these three men, drunk out of their minds, commenting on the machitos and the obvious hitting on the Angie person and myself. So, after, the bill came. 150 pesos, please. 150?! Are you charging us what the ladies are eating? They asked. And kept insisting on that he was charging that much because he was charging mine and angie's machitos... so, after they left. we could laugh. Then, the guy starts telling us the story on how he got started selling his machitos and how people come from far and beyond to eat them (even from El Paso). Then, about these two cousins he had, that they both married butt-ugly women and with lotz of cash and how one of them just couldn't handle it and went in to the business and got shot and the other one that married witha very ugly woman but she was loaded so he is a trophy husband and how machitos are made and how it's all in the cooking and the warming... After we paid and left, Angie said, "and you wanted to eat them in the car!" Good machitos, good story... even a show from three drunken guys.

Machitos and a story. Beats the heck out of staying home and pondering about how life runs away from you, doesn't it?

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